La mezcla melancólico flemático: la hondura callada

Profundidad sin ruido. Lo que la mezcla melancólico flemático hace mejor que nadie, por qué su calma es a veces un escondite y cómo el orden de las dos naturalezas cambia a la persona.
Es la persona que casi no dice nada en la reunión y luego manda el único mensaje que reformula el problema entero. No es tímida, exactamente. Sencillamente nunca ha visto el sentido de decir algo antes de tenerlo terminado.
Casi todo el mundo encabeza con un temperamento y lleva un segundo por debajo, y el segundo decide cómo se comporta el primero. Si aún no has visto tu propia pareja, el test te da un reparto completo, y leer tus dos primeros explica qué hacer con él.
Qué es en realidad esta mezcla
En los ejes clásicos el melancólico es frío y seco, y el flemático frío y húmedo. Esta mezcla comparte un eje, y el eje compartido es el frío.
Frío, en esta tradición, nunca quiso decir insensible. Quería decir lento: la constitución que se asienta en lugar de encenderse. Así que las dos mitades de esta persona se mueven con deliberación. El melancólico aporta profundidad, exigencia y memoria. El flemático aporta paciencia, tolerancia y un umbral inusualmente alto para aguantar a los demás. Lo que la mezcla no aporta es impulso.
Cómo se ve desde fuera
La lectura equivocada de siempre es que no está pasando gran cosa. Está pasando muchísimo; nada de ello está a la vista.
- Es callado en grupo y preciso de uno a uno.
- Se da cuenta de todo y menciona quizá una décima parte.
- No compite por la palabra, así que suele ser el último al que se le pregunta y el primero en tener razón.
- Es leal de una manera que no se anuncia y no caduca.
- Asiente en la sala y lo revisa en privado, algo que los demás confunden con estar de acuerdo.
Las fuerzas
Nadie lleva mejor que esta mezcla una tarea larga, difícil y sin ningún brillo. La mitad melancólica exige que se haga bien; a la mitad flemática no le ofende lo que eso tarde. Guarda los secretos de forma absoluta. Es la amiga que recuerda el aniversario de aquello malo y no dice nada, simplemente aparece.
En los equipos son el suelo de calidad. Exigencia sin gritos, y una tolerancia con los compañeros difíciles que los tipos cálidos agotan en una semana. Cómo aprende cada temperamento describe bien la mitad estudiosa de esto: van hondo, despacio, y lo aprendido se queda.
El modo de fallo
Esta mezcla falla en silencio, y eso es lo que la hace peligrosa. Su fallo característico es un repliegue que parece paz.
Algo sale mal. La mitad melancólica se lo toma a pecho y empieza a construir el expediente; la mitad flemática declina la confrontación. Ninguna de las dos está hecha para sacar el asunto en voz alta, así que se archiva. Y luego se vuelve a archivar. Meses después la persona no está enfadada, exactamente. Sencillamente está más lejos de lo que estaba, y la otra parte nunca llegó a enterarse de que hubiera algo que arreglar.
El segundo fallo es la exigencia que nunca llega a entregarse. La mitad melancólica lo quiere bien, la mitad flemática está a gusto esperando, y entre las dos un buen trabajo puede quedarse años sin terminar. Nada en esta mezcla genera urgencia, así que la urgencia hay que pedirla prestada: un plazo, una promesa dicha en voz alta, una persona esperando.
Bajo presión, las señales van hacia dentro. Se pierde el sueño, la voz crítica interior sube de volumen, la agenda social se vacía sin ruido. Qué hace cada temperamento bajo estrés expone el patrón.
¿Melancólico flemático o flemático melancólico?
Las mismas dos naturalezas, distinto orden, una persona claramente distinta.
El melancólico flemático primero rumia y luego se serena. Manda la exigencia. Le importa intensamente, se lo toma como algo personal, y después la mitad flemática absorbe el golpe y calma la superficie. Por dentro, el expediente se sigue escribiendo.
El flemático melancólico primero se serena y luego rumia. Manda la paz. Su primer instinto es que no merece la pena el lío, y la profundidad melancólica aflora más tarde, casi siempre en privado y casi siempre sobre algo que le importaba más de lo que dejó ver.
Una prueba rápida: cuando alguien te decepciona, ¿tu primer movimiento es analizarlo o dejarlo pasar? Analizar primero significa que manda el melancólico. Dejarlo pasar primero y luego encontrarte pensando en ello a medianoche significa que manda el flemático.
En el trabajo
Esta mezcla encaja en investigación, edición, contabilidad, archivos, cuidados, control de calidad, traducción y el mantenimiento de cualquier cosa complicada: trabajos donde acertar importa más que correr y donde nadie te pide que actúes para la galería.
Le cuesta venderse, negociar duro y cualquier cosa que exija decidir con información incompleta. De ahí se siguen dos consecuencias prácticas. La primera es que esta persona quedará infravalorada en cualquier organización que confunda volumen con aportación, así que su responsable tiene que ir y preguntar. La segunda es que necesita plazos externos, porque los internos son negociables consigo misma. Los cuatro temperamentos en el trabajo recoge los otros tipos para comparar.
En las relaciones
Estable, hondo, sin dramas y fácil de tener al lado. Esta mezcla no es la que se va. La dificultad no es el conflicto sino el silencio: absorberá muchísimo antes que abrir una conversación difícil, y absorber no es lo mismo que perdonar.
Con una pareja cálida el encaje suele ser excelente, siempre que la parte cálida entienda que el silencio no es rechazo. Un sanguíneo lo saca de su cueva; un colérico aporta el impulso que falta, al precio de atropellarlo de vez en cuando. Mira sanguíneo frente a melancólico y colérico frente a flemático, y la tabla de compatibilidad para las diez parejas.
Con otra naturaleza fría la paz es auténtica y el riesgo es el distanciamiento: dos personas que esperan a que se les pregunte pueden pasar mucho tiempo sin decirse nada que importe.
Cómo crecer
- Di lo que tengas que decir dentro de la semana. No perfecto, no del todo formado. Dentro de la semana.
- Pide urgencia prestada a propósito: dile la fecha a alguien, en voz alta.
- Entrégalo al noventa por ciento. El último diez por ciento suele costar más de lo que devuelve.
- Distingue el descanso del repliegue. Uno te repone, el otro va encogiendo el mundo poco a poco. Cómo descansa cada temperamento es la versión práctica de esto.
- Hazle saber a la gente que te importa mientras todavía está ahí. La mezcla da por hecho que la lealtad se nota. No se nota.
Qué dice la tradición sobre las mezclas
La idea de que las cualidades se combinan es antigua. Galeno contó nueve constituciones en lugar de cuatro: una equilibrada, cuatro simples y cuatro compuestas, y las compuestas se forman exactamente como esta mezcla, emparejando una temperatura con un grado de humedad.
Kant no estuvo de acuerdo. Al escribir en 1798 sostuvo que los cuatro temperamentos son simples y no se pueden mezclar, y por eso su exposición tiene cuatro y ahí se detiene. Las mezclas con nombre propio que circulan hoy, el melancólico flemático entre ellas, vienen del renacer popular de la tipología en el siglo XX y no de las fuentes antiguas.
Así que trata la mezcla como una buena descripción de tendencias, no como una ley y tampoco como un diagnóstico. Si es la tuya, la versión corta es esta: tu paciencia es un don y tu silencio es una costumbre. Conserva lo primero y gasta lo segundo con más soltura.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una personalidad melancólico flemática?
¿Cuál es la diferencia entre melancólico flemático y flemático melancólico?
¿Cuál es la principal debilidad de la mezcla melancólico flemática?
¿Qué trabajos le van bien a un melancólico flemático?
¿Con qué temperamentos encaja mejor un melancólico flemático?
Fuentes
- Corpus hipocrático, Sobre la naturaleza del hombre, cap. 4, sobre los cuatro humores y las cualidades que se emparejan con ellos.
- Galeno, De temperamentis (Sobre las mezclas), sobre las nueve constituciones, incluidas las compuestas, formadas emparejando una temperatura con un grado de humedad.
- Immanuel Kant, Antropología en sentido pragmático (1798), libro II, 'Del temperamento', donde los cuatro se sostienen como simples y sin mezcla.
- Tim LaHaye, Spirit-Controlled Temperament (1966), representativo de la literatura popular moderna en la que las mezclas con nombre propio se volvieron habituales.
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